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Final de la escena en la que Deborah termina de bailar Amapola en Érase una vez en América (Once Upon a Time in America, 1984), de Sergio Leone.

lunes, 5 de agosto de 2019

LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE MARILYN

 
Es bien sabido que Marilyn Monroe modificó su nombre cuando trabajaba como modelo y Ben Lyon, ejecutivo de la Fox, le ofreció una prueba y su primer contrato en el cine. Optaron por el apellido de su abuela materna: Monroe. De tal manera que se llamaría Norma Jeane Monroe, aunque luego decidieron acortarlo a Jeane Monroe. Sin embargo, él consideraba que seguía faltando algo y fue así como sugirió Marilyn, por una actriz de Broadway muy popular en los años veinte y treinta: Marilyn Miller. Si bien a ella no le gustaba en un principio, porque le parecía la contracción de Mary Lynn, acabaría por aceptarlo.
 
El nombre que figuraba en su acta de nacimiento era el de Norma Jeane Mortenson, que era el apellido del segundo marido de su madre, y aunque se habían separado antes de que ella naciera, con ese nombre se le registró. El divorcio se consumó en 1928, cuando tenía dos años de edad, provocando que lo cambiara por el de Baker, que era el de su madre. Así fue, entonces, que Norma Jeane Mortenson se convirtió más tarde en Baker y Norma Jeane DiMaggio cuando estuvo casada con Joe. Para cuando era la esposa de Arthur Miller, ya había adoptado el nombre legal de Marilyn Monroe, de manera que firmaba Marilyn Monroe Miller, ¡casi igual que Marilyn Miller!, de quien lo había tomado en un principio.
 
 
No deja de llamar la atención que tratándose de alguien tan famosa como ella, algunas personas no hayan tenido la paciencia y acuciosidad de corroborar la información y la llamaran "Norma Jean", sin la "e" al rematar su segundo nombre. Bob Dylan compuso una canción con el título ¿Quién mató a Norma Jean? (Who Killed Norma Jean?) en tanto que Norman Mailer en su controvertida biografía Marilyn -rechazada por Arthur Miller en sus memorias-, denominó el capítulo tercero precisamente Norma Jean. Algunas películas sobre su vida llevaron por título Goodbye, Norma Jean (1976) o Norma Jean and Marilyn (1996), pero en ninguno de estos casos se le escribió como debería ser: Norma Jeane.
 
Pensarán, tal vez, que no importa gran cosa puesto que siempre se le recordará como Marilyn Monroe, el mito de la doble M.
 
 
Jules Etienne

sábado, 22 de junio de 2019

COSECHA ROJA: Insólita historia de una serie de plagios


Cosecha roja apareció publicada en febrero de 1929, de esa manera Dashiell Hammett pasaba de los cuentos que durante años había estado escribiendo para la revista Black Mask, al trabajo narrativo más extenso que implica una novela. Y si bien el ejercicio literario resultó lo suficientemente exitoso -André Gide equiparaba sus diálogos con los de Hemingway o Faulkner, al tiempo que afirmaba: "todo el relato es de una habilidad y un cinismo implacables"-, fue al trasladar la novela al cine cuando se suscitaron una serie de plagios reiterados que la erigen en un caso único, insólito, a través de la historia del cine.


De entre todas las películas que se han inspirado en ella sólo dos, Noches de contrabando (Roadhouse Nights, 1930) y La ciudad maldita (1978), reconocen en pantalla su crédito correspondiente y no resultan las más fieles a la trama que plantea la novela: narrada en primera persona, en su párrafo inicial establece que nunca antes había escuchado hablar de Personville, la llamaban Poisonville (Villa Veneno), el lugar al que llega contratado por el hombre más poderoso del pueblo. Se refiere al padre de éste como "el corazón, el alma, la piel y el intestino de Personville", dueño de la compañía minera, el banco, y los dos periódicos del lugar. Pero el protagonista, un investigador privado de San Francisco, nunca llega a entrevistarse con quien lo contrató, ya que aparece muerto a la mañana siguiente. Ese es el punto de partida en lo que más tarde será una urdimbre de crímenes, traiciones y venganzas.


Recién fallecido Hammett, en 1961, Akira Kurosawa escribió, junto con Ryuzo Kikushima, el guión de una película que se llamaría Yojimbo, para ser protagonizada por su actor más emblemático: Toshiro Mifune. La trama es sospechosamente parecida a la novela, sin embargo, también se advierten otros aspectos de similitud con La llave de cristal, que Hammett publicara durante su etapa más prolífica, en 1931. Sus gangsters estadounidenses fueron trasladados con absoluta impunidad al contexto japonés del samurai, puesto que la película se exhibió sin que llevara el debido reconocimiento a Cosecha roja en sus créditos.


No transcurrió mucho tiempo, apenas tres años, cuando un cineasta italiano que comenzaba su carrera escribió, en colaboración con varios autores, el argumento y su respectiva adaptación para una película sospechosamente parecida -aquí podría decirse más culpable que sospechosa-, a la película de Kurosawa y, por lo tanto, a la novela de Hammett. Al igual que Yojimbo, se exhibió sin que tampoco admitiera su origen. Aunque en este caso el destino sería diferente, porque Kurosawa y su coguionista Kikushima demandaron por la vía legal a Leone y el ejército de escritores que le acompañaban (Bonzzoni, Catena, Comas Gil y Lowell), y obtuvieron un fallo judicial favorable que les permitió recibir un porcentaje por los derechos de exhibición de Por un puñado de dólares, que había trasladado al viejo oeste al samurai de Kurosawa.


En 1990, los ahora célebres hermanos Ethan y Joel Coen decidieron rendir homenaje al cine de gangsters partiendo de la trama de un par de novelas de Hammett: Cosecha roja y La llave de cristal. La acción se ubica en 1929, durante la prohibición, cuando delinquir era de lo más común en una nación agobiada por la recesión económica. Sin que De paseo a la muerte (Miller's Crossing) tuviese la misma aceptación entre el público que alcanzó con la crítica, tampoco admitía la deuda con Hammett en su créditos. Y ni modo que los Coen negaran conocer la novela, ya que su ópera prima se tituló Simplemente sangre (Blood Simple, 1984), expresión que sin duda proviene de uno de los diálogos de su capítulo XX, Láudano: "Esta maldita ciudad me está aniquilando. Si no me voy pronto voy a ser sangre fácil como los nativos" (This damned burg's getting me. If I don't get away soon I'll be going blood-simple like the natives).


Unos años después, en 1996, el cineasta con una peculiar estética de la violencia Walter Hill miró, una vez más, hacia la vieja historia de Hammett... y de Yojimbo... y de Por un puñado de dólares... y De paseo a la muerte, para filmar su propia versión de la misma historia: El último hombre (Last Man Standing, 1996), con Bruce Willis. Y, por supuesto, ya ni habría que mencionarlo porque hasta equivale a perogrullada, tampoco se reconoce la aportación de Hammett aunque sí la de Kurosawa y Kikushima.


Otras películas que mantienen una deuda en mayor o menor grado con Cosecha roja son: un par de westerns filmados en Europa, Django (1966), protagonizada por Franco Nero; la ya mencionada La ciudad maldita (1978), coproduccíón ítalo-española que trataba de aprovechar el auge del spaghetti western cuando por esa época también había adquirido su carta de naturalización ibérica; de ahí al pillaje de los vikingos en Irlanda según la película islandesa La venganza de los bárbaros (1984); para llegar en ese mismo año hasta el ficticio planeta Ura, donde se desarrolla la acción de El guerrero y la hechicera, en la que David Carradine, luego de su fama televisiva como Kung Fu en los años setenta, heredaría el mismo personaje. Y en lo que ya deviene en un desvarío casi obsesivo cada vez que un pistolero se mueve entre hampones en plena confrontación, se podrían incluir otros casos más recientes, como el de Asesino a sueldo (Lucky Number Slevin, 2006), donde Morgan Freeman y Ben Kingsley son los jefes de las bandas rivales; y la cinta japonesa Sukiyaki Western Django (2007), en directa alusión a la cinta de Sergio Corbucci y en la que Quentin Tarantino tiene un cameo.


Si fuese posible añadir aún más ironía a la paradoja, Bernardo Bertolucci estaba muy interesado en filmar su propia versión de Cosecha roja, respetando tanto su título original como el correspondiente crédito autoral -incluso Marilyn Goldin había escrito una adaptación-, pero nunca pudo concretarla. Se refería a dicho proyecto, según sus propias palabras, como "la larga siembra de la cosecha roja".


Jules Etienne

Créditos finales:
(Por orden de aparición)

Helen Morgan, Charles Ruggles y Jimmy Durante en Noches de contrabando (Roadhouse Nights, 1930), dirigida por Hobart Henley.

Toshiro Mifune en Yojimbo (1961), dirigida por Akira Kurosawa.

Clint Eastwood en Por un puñado de dólares (For a Fistful of Dollars, 1964), dirigida por Sergio Leone.

Al Mancini, Mike Starr y Gabriel Byrne en De paseo a la muerte (Miller's Crossing, 1990), dirigida por Joel Coen.

Simplemente sangre (Blood Simple, 1984), dirigida por Joel Coen.

Bruce Willis y Bruce Dern en El último hombre (Last Man Standing, 1996), dirigida por Walter Hill.

Josh Hartnett y Bruce Willis en Asesino a sueldo (Lucky Number Slevin, 2006), dirigida por Paul McGuigan.

sábado, 8 de junio de 2019

Precursora del cine negro: LA LEY DEL TERROR (City Streets, 1931)

 
De entre todas las películas predecesoras del llamado cine negro -denominación que surgió hasta 1946, vía el crítico francés Nino Frank*-, La ley del terror es una de las que mejor asume las que más tarde serían premisas del género. Su atmósfera en un marco visual de marcada inspiración expresionista, y en este punto habría que subrayar que la cinefotografía corrió a cargo de Lee Garmes, apuntala las inno- vaciones propuestas por su realizador: Rouben Mamoulian.
 
La acción se desarrolla en el submundo del hampa, durante los años de la prohibición, entre traficantes de licor, la mafia y sus crímenes, aunque en el fondo subyace la historia de amor de los protagonistas (quienes en el argumento original de Hammett eran apenas un par de adolescentes). La película no es esencialmente violenta, ya que de la casi docena de asesinatos que se cometen, sólo se hace referencia verbal.
 
 
El personaje del Kid, a cargo de Gary Cooper, es el de un magnífico tirador en una feria ambulante, cualidad que incide para que sea coptado por un grupo de delincuentes. Es entonces cuando conocerá a Nan (Sylvia Sidney), cuyo padrastro forma parte de dicha banda. Finalmente, ella cumple una condena en prisión, hasta donde el Kid va a visitarla y allí tiene lugar una secuencia memorable. Si bien el uso de la voz sobreimpuesta a la imagen ya lo había empleado Hitchocock en la producción británica Chantaje (Blackmail, 1929), en el cine de Hollywood todavía nadie se animaba a experimentarlo. Cuando ella se encuentra tras las rejas y mientras la cámara se detiene en su rostro, se escuchan la voz de Cooper y la suya propia en un monólogo interior. Los productores objetaron que eso resultaría demasiado complicado para que la audiencia habitual alcanzara a comprenderlo, pero erraron. El recurso no enfrentó mayores problemas para que fuese cabalmente aceptado. Durante la misma escena, Mamoulian le pidió a Sylvia Sidney que revirtiera el proceso de las lágrimas, y que en lugar de llorar cuando el Kid se va, lo hiciera a su llegada con un llanto de felicidad, en tanto que al despedirse, sonriera con amargura. Esta sería la única incursión de Cooper en el cine de gangsters, ya que su rostro bonachón no encajaba con la aspereza requerida para ese tipo de personajes.
 

Si se aplicara el término de cine negro de manera retrospectiva, es decir, aún antes de que se hubiese acuñado, La ley del terror sería uno de los títulos fundamentales del género. Aunque de manera injusta permanece un tanto olvidado.

Jules Etienne

* Se dice que Frank -quien era un reconocido crítico de cine en Francia-, durante el verano de 1946, cuando en la misma temporada coincidieron en cartelera películas como El halcón maltés (1941), Laura (1944), Pacto de sangre (Double Indemnity, 1944) y El enigma del collar (Murder, My Sweet, 1944), entre otras, las cuales habían permanecido prohibidas durante la ocupación nazi, se refirió a ellas en conjunto como film noir, expresión que se mantendría para la posteridad.

lunes, 27 de mayo de 2019

A un siglo y cuarto conmemorando su natalicio: DASHIELL HAMMETT Y EL CINE

 
Dashiell Hammett nació el 27 de mayo de 1894, es decir, que el día de hoy se cumplen 125 años, un siglo y cuarto para recordar a uno de los escritores más estadounidenses que se puedan mencionar. Paradójicamente, fue acosado por el comité de actividades antiamericanas que presidía el nefasto senador Joe McCarthy durante su cacería de brujas en Hollywood, etapa rescatada por Lillian Hellman, la dramaturga que fuera pareja sentimental de Hammett durante treinta años, en el libro Tiempo de canallas, publicado en 1976.
 
 
Sobre su vida se puede apuntar que abandonó la escuela a los trece años y trabajó en la agencia de detectives Pinkerton, en Baltimore, lo que le serviría más tarde para crear los personajes de sus novelas policiacas. Empezó a escribir después de la guerra, de la que regresó con severos problema de salud, ya que contrajo tubercu- losis.
 
Su primer cuento, El camino a casa, apareció en la revista Black Mask, en diciembre de 1922, bajo el seudónimo de Peter Collinson. En 1929 publicó un par de novelas con las que consolidaría su oficio de escritor: Cosecha roja y La maldición de los Dain. Al año siguiente, en 1930, tuvo lugar la primera edición de El Halcón Maltés.
 
 
Su relación con el cine nace a partir de 1930, cuando Noches de contrabando (Roadhouse Nights), intentaba adaptar su novela Cosecha Roja. Y a pesar de la participación de Ben Hecht como argumentista, es muy poco lo que logra distinguirse en pantalla de su obra original. La protagonista, Helen Morgan, recién había tenido un desempeño espléndido como Kitty Darling en Aplauso (1929), de Rouben Mamoulain. Pero no hay gran cosa que pudiera abonarse en favor de esta producción de Walter Wanger, baste decir que en ella aparecía Jimmy Durante cantando y bailando en el papel de Daffy.
 
 
La siguiente colaboración de Hammett en Hollywood, para la Paramount, logró resultados bastante más interesantes. Le pidieron un argumento original para lo que sería la segunda película de Mamoulain, y habían pensado en Gary Cooper y Clara Bow, quienes ya habían aparecido juntos en Los hijos del divorcio (1927) -cuando él todavía batallaba como extra pero ella insistió en que le concedieran el papel en lugar de James Hall-. Sin embargo, muchas cosas acontecieron en ese breve lapso: la carrera y la salud mental de Clara Bow se habían deteriorado, Cooper ya había obtenido varios estelares por su propia cuenta, incluido el de La canción del Lobo (1929), donde terminaría enamorándose de Lupe Vélez, su pareja dentro y fuera de la pantalla. De manera que llamaron a Sylvia Sidney, una actriz que recién comenzaba, para reemplazar a Clara Bow.
 
 
Después de la escuela (After School), fue el título con el que Hammett presentó la historia de un par de adolescentes que se ven involucrados con contrabandistas. Cuando Oliver Garrett y Max Marcin retomaron el argumento para elaborar el guión, convirtieron a los protagonistas en adultos y el título se cambió por el de La ley del terror (City Streets, 1931). Pero eso, así como las tres diferentes versiones fílmicas de El halcón maltés (1931, 1936 y el clásico de 1941 protagonizado por Humphrey Bogart), merece su propio espacio.
 
 
Jules Etienne
 
Créditos finales:
 
1: Dashiell Hamett escribiendo en su estudio; 2. Dashiell Hammet en su comparecencia ante el comité del senador McCarthy el 26 de marzo de 1953; 3. Helen Morgan y Fred Kohler en Noches de contrabando (Roadhouse Nights, 1930); 4. Sylvia Sidney y Gary Cooper en La ley del terror (City Streets, 1931); 5. Humphrey Bogart, Peter Lorre, Mary Astor y Sidney Greenstret en El halcón maltés (The Maltese Falcon, 1941); 6. Calle con el nombre de Dashiell Hammett.

domingo, 12 de mayo de 2019

Entre BUSCO MI DESTINO (Easy Rider) y Clavillazo: ¡PURA VIDA!


En esta misma fecha, 12 de mayo, hace cincuenta años, la película Busco mi destino (Easy Rider) se exhibió durante el festival de Cannes y puso en boga una nueva forma de hacer cine, tal y como lo señalara Irwin Shaw en su novela Crepúsculo en Bizancio, cuando el protagonista se encuentra precisamente en Cannes: "Todos andan buscando a un joven con el cabello largo de quien nadie ha oído hablar para hacer otro Easy Rider por menos de cien mil. Es como si una plaga repentina hubiera caído del cielo".

En la secuencia inicial, los dos motociclistas (Dennis Hopper y Peter Fonda) llegan buscando a su contacto, un mexicano que les va a abastecer la cocaína prometida. Al probarla para cerrar el trato, éste exclama en español, con gran entusiasmo: "¡Pura vida!"
Dicha expresión la había popularizado años atrás el cómico Antonio Espino Clavillazo en el cine mexicano, al grado de que se filmó una película con ese título en 1956, dirigida por Gilberto Martínez Solares, quien era el realizador de cabecera de Tin Tan. Desde el principio mismo, cuando Clavillazo va a abordar el camión que lo llevara fuera del pueblo del que ha sido expulsado por el alcalde, le dice "es usted pura vida", más adelante la repetirá de nuevo a lo largo de la trama.

 
Este es, pues, un recuerdo del 12 de mayo de 1969, un par de meses antes de que el hombre llegara a la luna.

Jules Etienne

jueves, 31 de enero de 2019

CINCO CANCIONES MEXICANAS que tomaron la pantalla por asalto


Escuchar una canción mexicana en una película hablada en español no provoca asombro. Pero si eso sucede en una producción de Hollywood o en el cine europeo, puede ser una grata sorpresa. Sobre todo cuando la trama en cuestión no se ubica en México o los personajes no se encuentran en algún lugar que pudiera justificarlo con facilidad.
 
He elaborado una breve lista con las cinco melodías que me parecen las más insólitas. Cada cinéfilo tendrá sus preferencias, pero estas son las mías:
 
1. Casablanca (1942), de Michael Curtiz. Ver a Humphrey Bogart y a Ingrid Bergman bailando en un centro nocturno parisino mientras la orquesta toca una versión instrumental de Perfidia, del compositor chiapaneco Alberto Domínguez, no deja de ser emocionante. Se escucha en el siguiente video al minuto con 45 segundos.


2. París, Texas (1984), de Wim Wenders. La música es de Ry Cooder y la tradicional Canción mixteca se utiliza como música de fondo para la vieja película familiar en 8 mm.

 
3. Moscú no cree en lágrimas (1980), de Vladimir Menshov. En esta producción soviética que obtuvo el Oscar a la mejor película extranjera en 1981, se escucha una versión instrumental de Bésame mucho, de Consuelo Velázquez, en el minuto 16.


4. Érase una vez en América (1984), de Sergio Leone. La canción Amapola se repite varias veces como leitmotif de la película, cuya banda musical estuvo a cargo de Ennio Morricone. La composición se le atribuye equivocadamente a José María Lacalle, español radicado en los Estados Unidos, sin embargo hay quienes aseguran que la música original es obra del mexicano Manuel M. Ponce, como se puede leer en el sitio de la Biblioteca Nacional de España.

 
5. Amarcord (1973), de Federico Fellini. Si se toma en cuenta que el propio Fellini había recurrido previamente al mambo Patricia, del cubano Dámaso Pérez Prado, en su espléndida La Dolce Vita, le resta un poco de sorpresa a que los personajes bailen al son de La cucaracha en Amarcord, como se puede apreciar cuando la película lleva una hora y dos minutos.


Antes de concluir, me voy a tomar la libertad de incluir también una versión paródica de Bésame mucho, cantada por Sammy Davis Jr., como el himno nacional de un país ficticio en Luna sobre parador (Moon over Parador, 1988), de Paul Mazursky:

Jules Etienne

sábado, 26 de mayo de 2018

LA VERDADERA NOCHE DE LOS VAMPIROS

 El 26 de mayo de 1897 apareció en Inglaterra la primera edición de Drácula, escrita por Bram Stoker y publicada por Archibald Constable and Company. Si bien existían varios precedentes como era el caso del cuento El vampiro, de John William Polidori*, publicado en 1819, la novela Carmilla, de Sheridan Le Fanu –irlandés al igual que Stoker-, La muerta enamorada, de Téophile Gautier, y La dama pálida, también conocida en español como La hermosa vampirizada, que Alexandre Dumas había incluido en su volumen de relatos Los mil y un fantasmas, entre los más destacados, fue la novela de Stoker la que se erigió como el gran clásico del género y arquetipo que dio origen a una de las vertientes más exitosas del género de horror en la historia del cine.
 
El día mencionado acabaría por establecer una serie de curiosas coincidencias que son el motivo del presente texto. Tres de los actores de habla inglesa más emblemáticos del vampirismo, nacieron en esta misma fecha o al día siguiente. De tal manera que la noche que va del 26 al 27 de mayo bien podría designarse como La noche de los vampiros.
 
Como si esta efeméride no fuera suficiente, se afirma que el poema más antiguo en el que se hace mención de un vampiro fue escrito por el alemán Heinrich August Ossenfelder y publicado por primera vez en la revista Der Natursforcher (El naturalista), el 25 de mayo de 1748.
 
El primero de estos vampiros sería, por riguroso orden de aparición, Vincent Price. Nació en St. Louis, Missouri, el 27 de mayo de 1911. Al principio de su carrera participó en auténticos clásicos del cine como Laura (1944) y Que el cielo la juzgue (Leave Her to Heaven, 1946), ambas con Gene Tierney. Pero es a partir de 1953 que tiene lugar su primer encuentro con el género por el cual sería recordado, cuando filmó Terror en el museo de cera (House of Wax) y pocos años después La mosca (1958) y La casa de la colina embrujada (1959). A principios de la década de los sesenta protagonizó media docena de adaptaciones al cine sobre relatos de Edgar Allan Poe que fueron producciones de American International Pictures (AIP), la empresa del legendario Roger Corman, y en 1968 prestó su voz para la narración en inglés de Historias Extraordinarias, tres cuentos del propio Poe dirigidos por Fellini, Louis Malle y Roger Vadim. Un año antes había interpretado al conde Sforza, quien provenía de Transilvania, en el episodio V es por vampiro en una serie de televisión. Cabe la acotación de que la propia AIP tenía planeado continuar la saga del Doctor Phibes –que caracterizaba Vincent Price-, enfrentándolo con un vampiro a quien llamarían el conde Yorga (Robert Quarry). Finalmente, el proyecto no se concretó de esa manera y el serial de El conde Yorga, Vampiro ya no tuvo relación alguna con el Doctor Phibes.

He dejado para el final su participación más simbólica en el cine de vampiros en El último hombre sobre la tierra (The Last Man on Earth, 1964), basada en la novela Soy leyenda (I am Legend), de Richard Matheson. Dicha obra fue publicada en 1954 y presentaba una visión apocalíptica del futuro de la humanidad -¿es que se podría esperar otra?- ubicando la acción en la década de los años setenta, cuando tras una guerra bacteriológica sólo sobrevivían aquellos que mutaron en vampiros: los infectados con el virus y los muertos resucitados gracias a la propia bacteria. Como lo establece la mitología vampírica, rechazaban el ajo y los crucifijos, no se reflejaban en los espejos pero, sobre todo, eran alérgicos a la luz solar. El protagonista era el único sobreviviente que no había sido infectado. Esta es la trama que se adaptó al cine para ser interpretada por Vincent Price.


Después, en 1971 se filmó La Última Esperanza (The Omega Man), adaptación bastante libre que protagonizaba Charlton Heston. Mucho se comentó cuando el cineasta Ridley Scott, tras el éxito de Blade Runner, planeaba filmar una nueva versión con Arnold Schwarzenegger, pero no llegó a concretarse. Sería hasta 2007 que se estrenaría Soy leyenda –respetando el título original de la novela-, con Will Smith. Apenas un mes antes de su llegada a las salas también se exhibió una producción de corto presupuesto titulada Soy Omega (I am Omega, 2007).
 Más allá de la película en sí misma y sus posteriores versiones, lo que llama la atención de El último hombre sobre la tierra es su sorpresiva influencia propiciando, a partir de La noche de los muertos vivientes (The Night of the Living Dead, 1968), el clásico de George A. Romero que proponía una transformación y los vampiros fueron sustituidos por zombies -como de alguna manera también acontece en La última esperanza-, todo un subgénero de culto para los aficionados al terror que se extiende hasta la paródica Tierra de zombies (Zombieland, 2009) y alcanza sin pudor alguno al cine pornográfico en Chasey Lain salva al mundo (Chasey saves the world, 1996).


El 26 de mayo de 1913, en Surrey, Inglaterra, nació Peter Cushing. Su larga asociación con la legendaria Hammer films, productora especializada en el género y responsable de varios clásicos, provocó que Cushing interpretara hasta en seis ocasiones al barón Frankenstein, desde La maldición de Frankenstein (1957) hasta Frankenstein y el monstruo del infierno (1974), que sería la última producción del sello Hammer sobre el personaje, incluyendo algunos títulos memorables como Frankenstein creó a la mujer (1967), donde Susan Denberg desbordaba erotismo (tras su participación en la película apareció desnuda en las páginas de la revista Playboy) como la creación del científico. Todas fueron dirigidas por Terence Fisher excepto una, que corrió a cargo de Freddie Francis.


Aunque es más bien su vínculo con los vampiros lo que realmente nos interesa ahora. Cushing tuvo a su cargo el rol del doctor Van Helsing, el implacable cazavampiros, en cinco películas, comenzando con la versión Hammer de Drácula (Horror of Dracula), dirigida en 1958 por Terence Fisher, en la que Christopher Lee recreaba al mítico conde. Después se sucederían Las novias de Drácula (1960), Drácula 1972 D. C. (1972), Los rituales satánicos de Drácula (1973), Los siete vampiros de oro (1974), donde la descabellada trama se ubica en China. También interpretó personajes similares al de Van Helsing, tal sería el caso del General von Spielsdorf en Amores de Vampiros (The Vampire Lovers, 1970), que era una adaptación erotizada de la novela Carmilla, o como Gustave Weil en Las hijas de Drácula (1971), una reelaboración de la trama con personajes de la misma obra de Le Fanu.


Por último, el londinense Christopher Lee, al igual que Vincent Price, es del 27 de mayo, sólo que de 1920. Su filmografía comprende cerca de trescientos títulos y a pesar de su edad, se mantiene en activo. No hace mucho fue posible verlo como Labisse, el generoso librero en La invención de Hugo (2011), de Martin Scorsese. Sin embargo, su huella en el cine quedará marcada para siempre como el mítico conde Drácula. Tanto a Christopher Lee como a Bela Lugosi se les considera el prototipo del vampiro en la pantalla. Desde la ya mencionada versión de Drácula que protagonizó en 1958, en la que Peter Cushing era su némesis Van Helsing, hasta Drácula, padre e hijo (Dracula pére et fils, 1977), comedia de tintes paródicos filmada en Francia, interpretó al personaje en una decena de películas.

Eso sin tomar en cuenta aquellas en las que aparece con otro nombre como el conde Karnstein en La maldición de los Karnstein (1963), Philippe Darvas, de quien se sospechaba podría ser un aesino en serie con tendencias vampíricas, en El teatro de la muerte (1966) o el conde Regula en la producción alemana El foso de las serpientes (1967), en la que si bien no era un vampiro en sentido tradicional, requería la sangre de jóvenes vírgenes para su inmortalidad, película inspirada libremente en El pozo y el péndulo, de Poe. Tampoco las comedias en las que apareció caracterizado como vampiro: El cristiano mágico (The Magic Christian, 1969) o el barón Roderico da Frankfurten en Agárrame ese vampiro (1959), en la comedia One more time (1970), de Jerry Lewis, en que aparecen tanto Lee en su caracterización del conde Drácula como Cushing en la del doctor Frankenstein sin crédito en pantalla.

 
De manera que Drácula, príncipe de las tinieblas (1966), Drácula vuelve de la tumba (1968), El poder de la sangre de Drácula (1969), El conde Drácula (1970), otra revisión a la novela de Stoker a cargo de Jess (Jesús) Franco, Prueba la sangre de Drácula (1970), Las cicatrices de Drácula (1970), Drácula 1972 D. C. (1972), y Los rituales satánicos de Drácula (1973), configuran la filmografía más abundante de un actor dedicada al legendario personaje.
 
Como si todo esto no fuera suficente, Paul Bettany es el protagonista de la aventura post apocalíptica El Vengador (The Priest, 2011) -exhibida en España como El sicario de Dios-, película que se inscribe en la corriente del neovampirismo, mismo que desde Vampiros (1998), de John Carpenter, les retrata como criaturas con una disposición para realizar proezas físicas de las que el elegante conde Drácula sería incapaz. Bettany, también londinense y nacido en 1971, por supuesto, un 27 de mayo, es quien enfrenta la plaga vampírica que ha puesto en riesgo la supervivencia de una sociedad teocrática la cual, de acuerdo con el guión, es lo que depara el futuro a la humanidad.


Sólo dos semanas exactas le faltaron a Robert Pattinson, protagonista de Crepúsculo (Twilight) -la saga del género más exitosa en años recientes-, nacido en Londres un 13 de mayo, para también merecer su membresía en este club tan singular. Elisabeth Harnois, nacida el 26 de mayo de 1979, estuvo a punto de integrarse al grupo cuando participó en las pruebas para la adaptación al cine de Academia de vampiros, la exitosa saga autoría de Richelle Mead y se le consideraba seriamente para el papel de Lissa Dragomir, el cual finalmente fue asignado a Lucy (un nombre vampírico, ni duda cabe) Fry. A la fecha todavía es posible localizar en algunos sitios de los seguidores de esa peculiar academia, fotografías de Elisabeth Harnois considerándola para el personaje mencionado.


Además, sería posible ampliar la lista con una mujer, la actriz de películas B (b-movie) Linnea Quigley, quien tuvo una breve aparición como enfermera en Sangre inocente (Innocent Blood, 1992), también conocida en español como Transilvania, mi amor; dos años después protagonizó una proyecto inconcluso: Cazador de vampiros (Vampire Hunter), que estaba dirigiendo Robert Rundle, y más reciente fue su intervención tanto en la producción para video Teatrovampiro (Vampitheatre) como en la película independiente La mujer vampir (Le Femme Vampir), ambas en 2009. Viene al caso porque su fecha de nacimiento es el 27 de mayo de 1958. A quienes hayan dado lectura a esta Noche del vampiro, tal vez pueda parecerles una investigación ociosa, pero debo confesar que ha sido casual, buscando a los nativos del mismo día en que cumplo años, me topé con estas coincidencias. También un 27 de mayo nacieron Dashiell Hammett -uno de mis autores favoritos de novela negra-, y Henry Kissinger, a quien se le podría calificar sin dificultad como un vampiro de la política.

 
Jules Etienne

* En mayo de 1816, los poetas Lord Byron y Percy Shelley se encontraron en Suiza, a orillas del Lago Ginebra, para pasar allí la temporada veraniega. El primero iba acompañado por un joven médico con aspiraciones literarias, John Polidori, en tanto que Shelley llegó con su entonces amante, Mary Wollstonecraft Godwin, de dieciocho años de edad, quien más tarde sería su esposa; y de su hermanastra Claire Clairmont. Fue una noche de junio, en la Villa Diodati rentada por Byron, cuando al calor de las copas y de la lectura de algunos pasajes de Phantasmagoriana, se gestaría el origen de Frankenstein, la hoy famosa novela de horror gótico de Mary Shelley, en tanto que John Polidori escribió El Vampiro: un cuento, que se publicaría en la edición correspondiente a abril de 1819 de New Monthly magazine.

Se filmaron tres películas sobre ese verano. La primera de ellas, Gothic, dirigida por Ken Russell en 1986, con Gabriel Byrne como Byron, Julian Sands en el papel de Shelley, y la entonces debutante Natasha Richardson era Mary Shelley. Más tarde, en 1988, la producción española Remando al viento, dirigida por Gonzalo Suárez, con un todavía muy joven Hugh Grant como Lord Byron -durante el rodaje conoció a Elizabeth Hurley, quien interpretaba el personaje de Claire-. Esta película tuve la oportunidad de incluirla en una Muestra Internacional de Cine, cuando me encontraba al frente de la Cineteca Nacional de México, y recuerdo que la crítica fue particularmente agresiva con ella. Por último, también de 1988 es Haunted Summer, que en muchos países no tuvo estreno comercial en las salas de cine y apareció directamente en el mercado de video, como fue el caso de México.
 
Resulta curioso constatar que una especie de maldición trágica persiguió a quienes se reunieron aquel verano. Polidori se sucidaría en 1821, a la edad de 25. Al año siguiente, Percy Shelley murió ahogado en Italia. Byron murió en Grecia, en 1824, a los 36 años. La hija que tuvo con Claire, fruto de esas noches en la Villa Diodati, murió a los cinco años de edad. Y de los cuatro hijos que tuvieron los Shelley, sólo uno pudo sobrevivir.

lunes, 27 de noviembre de 2017

Historias de amor en el Magreb: UN TANGO EN EL DESIERTO

 
Ahora que se cumple otro aniversario más de la primera exhibición de Casablanca, con la guerra como pretexto dramático para las desventuras amorosas de Rick e Ilsa, o mejor debiera decirse de Bogart y Bergman, que devino en el gran clásico romántico de todos los tiempos. Sin embargo, mucho antes de que eso sucediera y ya pronto se cumplirá un siglo, Hollywood había decidido convertir a la región norafricana denominada como el Magreb -que comprende Marruecos, Argelia y Túnez-, en el escenario de algunas de las pasiones más célebres de la pantalla.
 
 
Al parecer todo comenzó cuando en 1921, cuando la aristocrática Lady Diana Mayo (Agnes Ayres) termina siendo seducida por el árabe Rodolfo Valentino en El jeque (The Sheik), película dirigida por George Melford. Aunque para poder superar la censura debido a que la ley impedía en aquella época los matrimonios interraciales, al final resulta que éste no era precisamente árabe, sino hijo de padre inglés y madre española, quienes murieron en el desierto. El éxito fue de tal magnitud que años más tarde se filmó una secuela, El hijo del jeque (Son of the Sheik), en 1926 en la que, por cierto, sería la última aparición de Valentino en el cine.
 
 
El mismo Valentino retornaría al escenario magrebí casi de inmediato después de El jeque, en 1922, como pareja de Gloria Swanson en Más allá de las rocas (Beyond the Rocks), basada en una novela de Elinor Glyn. Sería la única ocasión en que ambos coincidieron en una película. Esta cinta se consideró definitivamente perdida hasta que un coleccionista holandés la donó, junto con otros cientos de títulos, al museo nacional del filme en su país. Pudo ser restaurada y fue exhibida en el festival de Cannes de 2005. De manera que ahora es posible presenciar las desventuras amorosas de Theodora Fitzgerald (Gloria Swanson) incluso por televisión.
 
 
Por su parte, Ramón Novarro protagonizó El árabe, en 1924, que se basaba en una obra teatral de Edgar Selwyn, su pareja era Alice Terry, esposa del director de la cinta, Rex Ingram. Fue filmada en auténticos exteriores del norte de África -en Túnez para ser preciso-, región por la que el cineasta siempre expresó su predilección. En 1933, se filmaría una nueva versión sonora con el título original The Barbarian durante su rodaje, que se transformó en Una noche en El Cairo (A Night in Cairo) para su exhibición, porque en este caso parte de la acción tenía lugar en Egipto, fuera de los límites del Magreb auténtico. La pareja protagónica la formaron el propio Novarro y Myrna Loy.
 
 
Todas las películas citadas coincidían en presentar el romance de un personaje árabe, interpretado por Valentino o Novarro, con una mujer occidental. En contraste con Marruecos (1930), en la que Gary Cooper y Marlene Dietrich protagonizaron uno de los trabajos más estilizados de Joseph von Sternberg, filmada en los desiertos de escenografía que se recrearon en los estudios de la Paramount, cuenta las pasiones de un legionario y la cantante de cabaret Amy Jolly, y culmina con ella despojándose de los zapatos para poder seguir a pie a su amado a través del desierto. Esta memorable escena, por cierto, después sería copiada por el cine mexicano al final de Enamorada, que filmara Emilio Indio Fernández en 1946.
 
 
Mientras que Jean Gabin era el célebre ladrón Pépé le Moko ocultándose en la Casbah argelina en 1937, producción francesa dirigida por Julien Duvivier que sería de inmediato hollywoodizada al año siguiente como Argel, con Charles Boyer y una deslumbrante Heddy Lamarr. Se trata de uno de los muy contados remakes que mantienen la calidad de la película europea que les precede. El guión de la versión americana -que respeta el escenario argelino y no lo traiciona con alguno de esos improbables traslados a los que son tan afectos en Hollywood-, fue escrito por James M. Cain.
 
 
Cuando el capitán del ejército británico Danny Roark (Errol Flynn), quien se encuentra en el ficiticio protectorado de Dikut –lugar al que en la base de datos IMDB se refiern como “Dibuk”-, mira por primera vez a Julia Ashton (Kay Francis) en la estación del tren, el espectador no tiene que adivinar el romance que la trama les depara. El único problema es que ella llega acompañando a su marido, el coronel Wister (Ian Hunter), quien es precisamente el oficial superior del protagonista. El título en español se ajusta perfecto al tema que ahora nos ocupa: Romance en Arabia (Another Dawn, 1937). Al igual que Casablanca, se trata de una producción de la Warner Bros.
 
 
En Tesket se ubica el cuartel general de la Legión Extranjera, allí se encuentra adscrito el capitán Paul Gérard, reconocido tanto por sus seducciones como por su valor en el frente, en Avanzada en Marruecos (Outpost in Morocco, 1949). El gangster George Raft es trasplantado al desierto con todo y su acento neoyorquino para que, portando una indumentaria reminiscente del legendario Rick en Casablanca, baile un tango con Marie Windsor, quien es la hija del emir Bel-Rashad.
 
 
 
Habría sido fácil suponer que los personajes ideales para un tango en el Magreb, serían interpretados por Valentino o Novarro, sin embargo, Raft no hacía otra cosa que prolongar el baile iniciado en Bolero, con Frances Drake, quince años atrás. Si veinte años no es nada, diría Gardel, quince serán ¿menos que nada?
 
 
Marlene Dietrich regresaría al entorno desértico al lado de Charles Boyer en El jardín de Alá, en 1936; Alan Ladd sería, al igual que Raft, un capitán en La legión del desierto (1953); Sophia Loren volvería loco a John Wayne –y no podría ser de otro modo- como Dita, la prostituta de La leyenda de los perdidos (1957); además de que Kathryn Grayson se la pasa cantando en el musical La canción del Rif (Desert Song, 1953). Pero todas estas producciones se filmaron en colores. He preferido exaltar el legado inolvidable del blanco y negro antes de que cediera su predominancia a los matices del color.
 
 
El Magreb ha sido escenario generoso, testigo de los idilios en pantalla de Bogart y Bergman, Valentino y Swanson, Cooper y Dietrich, Boyer y Lamarr. Suficiente para erigirse como un intenso capítulo en la historia del cine romántico.

 
Jules Etienne
 
Créditos finales:
 
Humphrey Bogart e Ingrid Bergman en Casablanca (1942), de Michael Curtiz.
Rudolph Valentino y Vilma Bánky en El hijo del Sheik (1926), de George Fitzmaurice.
Rudolph Valentino y Gloria Swanson en Más allá de las rocas (1922), de Sam Wood.
Ramón Novarro y Alice Terry en El árabe (1924), de Rex Ingram.
Myrna Loy en Una noche en el Cairo (1933), de Sam Wood.
Marlene Dietrich y Gary Cooper en Marruecos (1930), de Joseph von Sternberg.
Jean Gabin y Mireille Balin en Pépé Le Moko (1937), de Julien Duvivier.
Kay Francis y Errol Flynn en Romance en Arabia (1937), de William Dieterle.
Marie Windsor y George Raft en Avanzada en Marruecos (1949), de Robert Florey.
Sophia Loren y John Wayne en La leyenda de los perdidos (1957), de Henry Hathaway.
Charles Boyer y Hedy Lamarr en Argel (1938), de John Cromwell. 

domingo, 26 de noviembre de 2017

CASABLANCA cumple 75 años cantando El tiempo pasa

 
Nadie toca El tiempo pasa (As Time Goes By) como Sam”. Cuando Ingrid Bergman, o más bien su personaje de Ilsa, insiste al pianista Dooley Wilson que entone el tema de la película, no se imaginaba que esa canción se volvería tan popular y que la frase “Toca, Sam, toca El tiempo pasa”, daría pie a innumerables paráfrasis, parodias y hasta el título de una obra teatral que después se adaptaría al cine, escrita y protagonizada por Woody Allen: Sueños de seductor (Play it again, Sam, 1972).
 
 
Nunca es demasiado tarde para hablar de Casablanca, aunque sea ya tan poco lo que se pueda sumar a su leyenda. El día de hoy, 26 de noviembre, se cumplieron setenta y cinco años de su estreno. Imposible para quienes acudieron al cine Hollywood de Nueva York en esta misma fecha en 1942, predecir la vigencia que iba a adquirir con el tiempo como epítome de la aventura romántica, cuando el cine aún solía soñar sus historias con el mítico aliento del blanco y negro.
 
 
Entre sus claves exóticas, incluye la geografía del norte de África para ubicar el reencuentro de Rick (Humphrey Bogart) e Ilsa (Ingrid Bergman), quienes de súbito confrontan los pendientes amorosos de su pasado, entre reproches y reclamos por el abrupto fin de su romance, interrumpido tras la invasión nazi sobre París ("los alemanes iban de gris, tú vestías de azul"), todo ello con el conflicto bélico como telón de fondo.
 
 
La idea original de Casablanca se le ocurrió en el verano de 1938 a un profesor de secundaria de nombre Murray Burnett, cuando viajaba por Europa. Ante la amenaza alemana que se cernía sobre Europa, tras visitar Viena junto con su mujer, se trasladaron al sur de Francia y allí, a orillas del Mediterráneo, presenciaron como un pianista negro en un bar concentraba la atención de los parroquianos, quienes provenían de cualquier lugar del mundo, entre turistas y refugiados. De allí surgió el proyecto de escribir una obra de teatro que se llamaría Todos vienen a Rick’s (Everybody Comes to Rick’s).
 
 
De regreso a Estados Unidos se dio a la tarea de trabajar en la misma en colaboración con Joan Allen, con quien terminaría casándose luego de divorciarse de Frances, su primera esposa. Cuando terminaron la obra, en 1940, la situación política en el mundo se había tensado a niveles muy severos y Francia ya se encontraba bajo la ocupación nazi, de ahí que optaron por trasladar el escenario en el que transcurre la acción a Marruecos.
 
 
A su agente no le fue posible conseguir productores para la puesta en escena, de manera que decidieron transformarla en un guión de cine, el cual sería enviado a la Warner Bros. Cuando el analista de guiones Stephen Karnot lo leyó, Estados Unidos ya había declarado la guerra a Japón. Más tarde, éste enviaría su reporte a Hal B. Wallis en el que se podía leer: "Excelente melodrama. Escenario exótico y de gran actualidad. Una atmósfera de tensión y suspenso que implica conflicto físico y psicológico. Trama intensa con romance sofisticado. Un éxito en taquilla seguro para Bogart, Cagney o Raft en papeles fuera de los acostumbrados y, quizá también, para Mary Astor".
 
 
Para la versión filmada algunos nombres de la obra teatral fueron modificados: Rick Blaine y Victor Laszlo se conservaron idénticos, la norteamericana Lois Meredith se transformaría en una noruega llamada Ilsa Lund, el italiano Luis Rinaldo pasó a ser Louis Renault, un oficial francés, en tanto que el inolvidable personaje del pianista era conocido por su sobrenombre como El Conejo y acabó por adquirir el apelativo de Sam. El resto forma parte de innumerables páginas en la historia del cine.
 
 
Jules Etienne